Espiritual

Un rayo de esperanza en Beirut

Más de la mitad de la población libanesa vive actualmente por debajo del umbral de la pobreza y el poder adquisitivo de la moneda nacional ha disminuido en un 80% en menos de un año.

El anuncio de que los armarios vacíos de la cocina se iban a llenar pronto provocó una oleada de entusiasmo en el dispensario socio-médico intercomunitario de Nabaa, un barrio pobre de Beirut.

Allí, los beneficiarios del centro están recibiendo durante estos días paquetes de alimentos, gracias al apoyo de la fundación pontificia internacional Ayuda a la Iglesia Que Sufre.

Incluso antes de la severa crisis económica que está afectando al Líbano, Bassima y su familia estaban «viviendo al límite», apenas sobreviviendo con las ganancias de su esposo como taxista. “Ahora apenas puedo alimentar a mis tres hijos”, dijo la madre  de 41 años.

Más de la mitad de la población libanesa vive actualmente por debajo del umbral de la pobreza y el poder adquisitivo de la moneda nacional ha disminuido en un 80% en menos de un año.

Acompañada de su hijo menor Charbel, de tres años, que lleva el nombre del querido santo libanés, Bassima explicó: “Si fuera al supermercado y comprara el más pequeño de estos productos, no me quedaría suficiente dinero para sobrevivir el resto del mes. Hoy por hoy, casi no puedo comprar nada».

Cada paquete de comida familiar que ha donado la fundación está dividido en dos cajas que contienen elementos básicos como lentejas y frijoles, alimentos enlatados y aceite de cocina. “Estoy muy agradecida al dispensario”, dijo Bassima con el pequeño Charbel a su lado, apilando sus cajas en un cochecito de bebé para transportarlas a casa. “La trabajadora social y las hermanas siempre están aquí para escucharme y ayudarme”.

Un total de 786 familias se beneficiaron hoy de la distribución de paquetes de alimentos en el dispensario de Nabaa. En total, son más de 5.800 familias necesitadas las que reciben ayuda a través de la iniciativa financiada por ACN, en cooperación con CNEWA y Cáritas, en varios centros de distribución en áreas de Beirut afectadas por la doble explosión catastrófica del 4 de agosto.

“Hay tanta gente pobre en el área de Nabaa, tantas necesidades”, enfatiza la hermana Marie Justine el Osta, de las hermanas maronitas de la Sagrada Familia, directora del dispensario. “Después de la explosión, las necesidades aumentaron. La gente está luchando por vivir día a día y cada día todo se vuelve más caro”, dijo sobre la terrible situación del país que está sumiendo a la clase media en la pobreza.

“Le agradezco a Dios que envió a ACN para ayudarnos. Es una señal de que la Iglesia está cerca de nuestro pueblo en su sufrimiento. Espero que vengan más colaboraciones y proyectos”, dijo la hermana Marie Justine.

Cuando Abeer, de 33 años, se enteró de que ACN y su socio CNEWA son organizaciones pontificias, comentó con entusiasmo: “¡Quiero que el papa Francisco sepa que lo amo tanto! Es uno de mis sueños ir allí (al Vaticano) para encontrarme con él «. Después de estar desempleado durante casi un año, sin esperanza alguna debido al bloqueo y al confinamiento provocado por el coronavirus, el esposo de Abeer encontró finalmente trabajo en los Emiratos Árabes Unidos. La separación es difícil para la familia de Abeer, ya que ella cuida a su hijo de cuatro años en el Líbano.

«Pero, gracias a Dios, ahora tiene trabajo», dijo Abeer. Anteriormente, Abeer trabajaba como empleada de limpieza en una escuela. Era la forma en que Abeer ayudaba a mantener a su familia. Con un título en gestión hotelera, no ha podido encontrar un puesto en su campo: «A veces tienes que pasar por momentos difíciles solo para apreciar lo que tienes», dice Abeer.

“Jesús es muy misericordioso, nos está ayudando. Nuestra única asistencia es de este centro. Me siento muy bien acogida aquí. Mi hijo tiene sus chequeos y vacunas, todo. Las hermanas aquí son como un rayo de esperanza, porque es un momento muy, muy difícil el que estamos sufriendo en el Líbano ahora».

A pesar de sus luchas, Abeer está convencida: “Dios nunca nos dejará. Tengo mucha fe. Por eso puedo ponerme de pie. Y le enseñaré esta fe a mi hijo”, dice con convicción.

“El Líbano está devastado. Estamos atravesando el momento más difícil de su historia”, subraya la hermana Marie Justine. «Pedimos, por el bien de la humanidad, solidaridad con el Líbano, que el mundo entero junte sus manos y ayude».

 

 

 

 

 

Fuente y foto: ACN Colombia.

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